Venerable Edel Marie Quinn

16 de Abril de 2025

Venerable Edel Marie Quinn

Muy estimados Amigos :

Evangelizada desde el siglo v por san Patricio, Irlanda ha enviado al mundo a numerosos misioneros. En 1921 se había fundado en Dublín la Legión de María, asociación laica de católicos que, con la aprobación de la Iglesia y bajo la potente dirección de María Inmaculada, intenta promover la gloria de Dios a través de la santificación de sus miembros, de la oración y del servicio desinteresado al prójimo. Se centra en aportar a María al mundo como medio infalible de ganar el mundo para Jesús. En la actualidad es una organización que cuenta con varios millones de miembros, en unos 170 países.

Venerable Edel Marie QuinnEl 15 de diciembre de 1994, el Papa san Juan Pablo II declaraba venerable a Edel María Quinn, miembro de la Legión de María. Nacida en Kanturk, en el sur de la República de Irlanda, el 14 de septiembre de 1907, recibe el Bautismo cuatro días después. Sus padres habían elegido el nombre de Adele, pero el sacerdote entiende Edel; al pensar que se trata de la flor edelweiss, no se informa más e inscribe ese nombre en el registro. Edel es la primogénita de la familia, y la seguirán cuatro hermanos y hermanas. Charles, el padre, es empleado de banca; a causa de sus promociones tendrá que trasladarse a menudo con los suyos, hasta que se establece definitivamente en Dublín en 1924. Su esposa es un ejemplo de bondad activa, atenta y delicada, animada de una profunda devoción.

Una religiosa que había conocido a Edel cuando esta tenía diez años atestiguará: «En la escuela era un verdadero diablillo, no porque fuera impertinente, sino porque siempre desbordaba de entusiasmo, vivaz y alegre, metiéndose en todo… Conjugaba su sencillez de niña con un verdadero dominio de sí misma, así como con un gran encanto… Destacaba por su altruismo y complacencia. Era una organizadora nata, y todo lo que emprendía lo hacía bien». La joven destaca en el deporte y en la danza. Recibe una sólida formación cristiana. De su primera Comunión, en 1916, conservará el hambre por la Eucaristía. Unos reveses económicos de su padre obligan a Edel a interrumpir los estudios y a regresar a casa. Todos los días asiste a Misa y lee mucho.

A los diecinueve años, la joven busca un empleo. Es contratada como secretaria en una empresa de importación fundada recientemente por un francés, donde dejará un recuerdo de persona tímida pero valiente. Se adapta rápidamente y se convierte en una secretaria capaz de cumplir cometidos de confianza. Aprende francés, de tal modo que su vida espiritual aprovechará mucho de los autores de esa lengua. Desde su primer encuentro, el empresario había quedado impresionado por su sonrisa: «Tenía algo de claridad y de franqueza, rica en atención y en comprensión, resplandeciendo luz». Las grandes cualidades humanas que despliega hacen que él se enamore de ella. A punto de abandonar Irlanda con motivo de sus negocios, le pide matrimonio, pero queda muy sorprendido al oír que Edel le responde que no puede aceptar, pues se ha prometido a Dios. Efectivamente, la joven había percibido desde su primera juventud una llamada a la vida religiosa contemplativa. No obstante, temiendo que su rechazo tuviera repercusiones negativas en la vida espiritual del pretendiente, mantiene algún tiempo correspondencia con él mediante cartas amistosas que le producen un gran bien.

A la espera de hacer realidad su vocación, se relaja practicando el golf o tocando música. Sin embargo, abandona poco a poco esos legítimos placeres en beneficio de la abnegación, con objeto de ayudar a su madre en la casa, a los pobres y a los enfermos. El domingo es realmente para ella el día del Señor; por la mañana asiste a varias Misas y profundiza en su fe, de tal manera que su formación cristiana se amplía enormemente. Su sed de oración y de recogimiento es intensa, pero con gran frecuencia dedica tiempo para ayudar a los amigos, escuchándolos con simpatía.. A partir de 1927, a la edad de veinte años, mientras espera saber en qué comunidad hacerse religiosa, se une a la Legión de María, asociación fundada por Franck Duff (1889-1980), un empleado de un ministerio del Estado (con proceso de beatificación ya iniciado). Este había pensado en un principio fundar solamente un grupo de algunas personas, pero su iniciativa local se extenderá mundialmente. Él mismo será convocado para hablar en presencia de los obispos del mundo entero durante el Concilio Vaticano II. La sumisión al Magisterio de la Iglesia es, para los legionarios, un principio fundamental. Participan en la vida de las parroquias colaborando en todas las actividades, especialmente visitando a las familias y a los enfermos, tanto a domicilio como en los hospitales. Cada legionario debe cumplir un trabajo apostólico semanal..

Con motivo de una reunión de los Hijos de María, de los que forma parte, Edel entabla amistad con una joven legionaria que la presenta a la responsable y al capellán. Entusiasmada, Edel pide que la admitan en el movimiento, lo que se le concede. Muy pronto, sobrepasando las órdenes, visita a personas necesitadas cinco noches a la semana. Después de dos años de servicio como miembro activo ordinario, pasa a ser responsable de un grupo que se encarga de las jóvenes descarriadas. Dos tardes por semana se dirige a la casa establecida para las convertidas, Sancta Maria, donde ejerce su don de radiante simpatía. Por eso es acogida con gozo por las internas, que no querrían dejarla marchar.

Mi mayor alegría

Edel se siente atraída por la espiritualidad fuerte y exigente de las Clarisas. En 1932, cuando su proyecto de ingresar en esas religiosas de Belfast se materializa, cae enferma de tuberculosis, prácticamente incurable en esa época. «Todo lo que sucede es adorable», es decir, es permitido por Dios ―dice. La envían a un sanatorio donde prosigue su vida de entrega y de mortificación, alegremente y al servicio de todos.. Lee muchas obras de espiritualidad, y muy especialmente los escritos de santa Teresa del Niño Jesús. Después de dieciocho meses, que le parecen largos, regresa a casa, desarmando con su sonrisa las objeciones de quienes habrían deseado que prolongara su reposo. Tras seguir durante unos meses las prescripciones médicas, retoma su trabajo profesional y de dedicación a la Legión. La expansión de ese movimiento todavía es lenta en esa época, no extendiéndose más allá de Dublín hasta 1927, y de Irlanda hasta 1928 para empezar en Escocia. Pero a partir de ese mismo año el ritmo se acelera. En 1930 la Legión se implanta en la India, y después en América al año siguiente. En 1934 se organiza una peregrinación legionaria a Lourdes, a la cual se incorpora Edel. A su regreso la envían con algunas compañeras a Gales, en calidad de fundadora, donde se producen encuentros, conferencias y visitas diversas, especialmente a los obispos: un trabajo arduo durante quince días que produce grandes frutos. Paradójicamente, regresa a Irlanda con mejor salud. Durante ese tiempo, nacen grupos en África. En 1936, Edel parte a África central y meridional como misionera de la Legión de María. Sin embargo, en el Consejo superior de la Legión se ha levantado una fuerte oposición contra esa misión, pero la buena voluntad de Edel y su reputación, con la ayuda del Espíritu Santo, consiguen vencerlo todo. «Sufrir por el amor de Jesucristo es mi mayor alegría» ―escribe.

Ganarse los corazones

La primera carta de Edel durante el viaje es para dar las gracias a quienes la han enviado, a pesar de los riesgos de los que ella es consciente. El 23 de noviembre llegan al puerto keniata de Mombasa, colonia británica, donde la influencia musulmana es muy fuerte.. Edel se dirige enseguida a la capital del país, Nairobi, donde se pone en contacto con los principales católicos del lugar, entre quienes se encuentran algunos legionarios. Ella escucha, pero sin dejar que la desanimen las objeciones organiza una conferencia de presentación y, el 15 de diciembre, se constituye el primer grupo; el padre Maher, superior de las misiones de la región, pasa a ser el director espiritual. Edel se emplea en fundir su apostolado en el de los misioneros, esperando así ganárselos para la causa. Con frecuencia los comienzos son arduos, pero su unión con Dios y su amabilidad permiten ganarse muchos corazones. Trata a los sacerdotes con gran respeto, de tal modo que, en contacto con ella, los prejuicios de los europeos y de los indígenas africanos ceden. Si bien se muestra inflexible respecto a los principios generales expuestos en el Manual del Legionario, en contrapartida, en cuanto a los detalles prácticos, su facilidad de adaptación a las condiciones de África ecuatorial resulta extraordinaria, ya que percibe y respeta los ritmos africanos sin apresurar las cosas. Cuando se enfrenta a las decepciones y a los fracasos no se rinde.. Consigue apaciguar muchas hostilidades entre etnias, así como suavizar algunas tradiciones sobre el papel de las mujeres, considerado únicamente doméstico.

La evangelización es una prioridad para la Legión. Mediante las visitas a los hogares y otros medios, se establece un contacto con cada persona. Ver y servir a Cristo en los enfermos y en los marginados es otra parte esencial del apostolado legionario.

La unidad básica de una Legión se denomina præsidium, y normalmente se basa en una parroquia, que además puede tener otras. Para ser un legionario activo es necesario solicitar su integración en un præsidium. Durante las reuniones semanales se asignan tareas a los miembros, que trabajan generalmente en parejas. Después de un período de prueba exitoso, los miembros hacen la promesa legionaria. Consciente de la necesidad del apoyo de la gracia, la Legión cuenta con miembros auxiliares que se asocian mediante la oración. La administración de la Legión se realiza a través de sus diferentes consejos por niveles: local, regional y nacional.

A pesar de su delicada salud, Edel da muestras de una sorprendente resistencia a la fatiga y al calor. Una religiosa que la conoció entonces dirá: «¡Era la persona más olvidadiza de sí misma!». Gracias a su dedicación, fueron cientos los grupos de la Legión de María que se implantaron en Kenia, reforzando en profundidad la evangelización. Edel aprende algo de suajili y retazos de otros dialectos. La organización de la Legión, con sus apostolados en pareja y los informes semanales, prospera de maravilla, en especial gracias al dinamismo de la joven misionera omnipresente, que sigue atentamente a cada grupo, pero que también se mantiene al corriente de los progresos de la Legión en Europa, en América y hasta en China. Edel organiza reuniones regionales periódicas y funda en Nairobi un cuartel general.. Mantiene una correspondencia abundante, tanto con los grupos que ha fundado como con los obispos y los misioneros locales, así como con sus amigos de Dublín.

Simplemente unida a Él

Edel consigue que algunos grupos sean fundados por los propios indígenas, haciendo así que los africanos acepten convertirse en los evangelizadores de sus compatriotas, algo que anteriormente era una tarea exclusiva de los misioneros y de los catequistas. Lucha igualmente con éxito contra la indolencia habitual de los autóctonos, la hostilidad de los brujos y las dificultades en las comunicaciones, sobre todo en la estación de las lluvias. Procura conservar momentos de recogimiento, incluso durante los viajes: «Estar simplemente unida a Él, en unión con María. Amarlo justo en mi alma durante el día de viaje, uniendo mis actos a otros actos semejantes que Él ha hecho». En una de sus oraciones favoritas pide lo siguiente: «Concedednos, Señor, a quienes servimos bajo el estandarte de María, esa plenitud de fe en Vos y de confianza en Ella, que tienen asegurada la victoria contra el mundo. ¡Dadnos una fe viva y animada por la caridad!» (cf. Ga 5, 6).

La Misa sigue siendo el centro de su vida. En una ocasión permanece en ayunas durante diecisiete horas para poder recibir la sagrada Comunión.. Edel atribuye al Espíritu Santo su extraordinaria resistencia: «¡Qué vacía sería la vida sin Él!» ―escribe. Su amor intenso por la Madre de Dios, su confianza de niña y su completa dependencia de Ella son rasgos dominantes de su vida. Un día en que le preguntan si alguna vez ha negado algo a la Virgen, ella responde: «No, nunca le he negado nada de lo que yo pensaba que podría importarle». La espiritualidad de la Legión se centra en la devoción al Espíritu Santo y a la Virgen María. Franck Duff se inspiró mucho en el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen María de san Luis María Grignion de Monfort. Ese santo muestra muy bien que María conduce a Jesús: «Por medio de la Santísima Virgen María vino Jesucristo al mundo y también por medio de Ella debe reinar en el mundo…» (núm.. 1). Entre las cualidades de la verdadera devoción a María, subraya: «La verdadera devoción a la Santísima Virgen es santa. Es decir, te lleva a evitar el pecado e imitar las virtudes de la Santísima Virgen, y en particular su humildad profunda, su fe viva, su obediencia ciega, su oración continua, su mortificación… Te consolida en el bien y hace que no abandones fácilmente las prácticas de devoción. Te anima para que puedas oponerte a lo mundano y sus costumbres y máximas; a lo carnal y sus molestias y pasiones; al diablo y sus tentaciones. De suerte que, si eres verdaderamente devoto de la Santísima Virgen, huirán de ti la veleidad, la melancolía, los escrúpulos y la cobardía… El verdadero devoto de María… la ama con la misma fidelidad en los sinsabores y sequedades que en las dulzuras y fervores sensibles. La ama lo mismo en el Calvario que en las bodas de Caná. ¡Ah! ¡Cuán agradable y precioso es delante de Dios y de su santísima Madre el devoto de María!» (núm. 108-110).

« No están preparados »

En 1937, monseñor Riberi, el nuncio apostólico de las misiones africanas, escribe una carta a los treinta y tres obispos que tiene a su cargo para alabar la Legión, recomendando en ellas a Edel y su labor. Ella expresa su gratitud por el gesto, aprovechando para ampliar su apostolado y proyectando dirigirse a Uganda, país donde las tradiciones ancestrales aún son más difíciles de vencer que en Kenia. Le aseguran que aquellas gentes no están preparadas para recibir el Evangelio. Consciente de la brevedad de la vida, de la suya en particular, no permite que le paren y consigue fundar en ese país múltiples grupos fervientes, con gran gozo de los misioneros, que aprecian esa valiosa ayuda.

En 1938, Edel contrae la malaria. Los médicos le prescriben reposo. Es la primera vez que esa enferma crónica se confiesa vencida, por lo que se toma unas semanas con tranquilidad, aunque conserva la discreción sobre el asunto en sus cartas a Dublín para no alarmar a sus superiores. A pesar de esa precaución, les llega esa información, por lo que la invitan a descansar en Irlanda para recuperar la salud. Ella declina el ofrecimiento con cortesía.. En septiembre de 1939 se declara la guerra en Europa, y algunos temen lo peor en África. Edel escribe en su diario íntimo: «¡Qué confianza sin límite debemos tener en el amor divino! No podemos amar demasiado. La debilidad que Él nos deja no debe impedir que realicemos nuestro trabajo… En lo que concierne a mi trabajo, ahora es cuando empezará a ser realmente útil, pues la guerra impedirá que se envíen nuevos misioneros».

En enero de 1940, a petición del arzobispo de Port-Louis, monseñor Leen, Edel se dirige a Isla Mauricio a pesar de los riesgos que comporta la presencia de submarinos alemanes y de minas flotantes. En cinco meses, gracias a las recomendaciones del prelado y a la ayuda de los párrocos y de los misioneros, funda veinte grupos que cuentan con casi trescientos legionarios activos, así como un órgano central; después regresa al continente africano. Podemos afirmar que amó Isla Mauricio y que se ganó ese amor, al igual que en todos los países donde permaneció. El padre Margeot, director espiritual de la Legión para la isla dirá: «La señorita Quinn era un alma de sencillez sorprendente. Había alcanzado una enorme unidad interior y parecía totalmente abandonada a la voluntad de Dios». Y confesará al arzobispo que, llegado el momento, le gustaría aportar su testimonio en el proceso de canonización.

En Tanzania, donde llega en septiembre de 1940, aunque muy cansada de un viaje que se ha alargado por la guerra, se pone a trabajar enseguida.. Nadie es consciente del cansancio que la agobia, pues ella responde a todas las solicitudes. Sin embargo, en 1941 telegrafía a Dublín: «Ataque pleuresía. Muy débil. Peso: treinta y cuatro kilos. Imposible seguir trabajo. De momento, reposo total necesario. Espero instrucciones». La respuesta llega: «¡Haga lo que considere!». Un médico le aconseja que, después de tanto tiempo viviendo en los trópicos, es imprescindible que se dirija a un país con clima templado para recuperar la salud; se decide por Johannesburgo, en Sudáfrica. A partir de entonces frecuenta sobre todo los sanatorios y se toma un reposo relativo en las comunidades religiosas. Los seis primeros meses permanece en cama, pero intensifica su vida espiritual, en especial a través de la devoción eucarística. A pesar de las consignas de Dublín, continúa con su voluminosa correspondencia. Seis meses después de su llegada, Edel ingresa en un hospital regentado por monjas Dominicas, donde podrá comulgar todos los días. Su buen humor y amabilidad hacen que sea apreciada por todos. A pesar de su extrema delgadez, se muestra extraordinariamente animada y alegre. En otoño de 1942, tras haber obtenido permiso de los médicos, regresa a Nairobi. El viaje será muy complicado a causa de la guerra y se alargará casi tres meses. Se aloja en un convento, pero recupera su labor en cuanto las fuerzas se lo permiten, asistiendo a las reuniones de los grupos de Kenia y escribiendo muchas cartas. Su alegría consigue esconder un poco su estado.

A principios de 1944, de nuevo se ve obligada al reposo completo en el seno de una comunidad de monjas irlandesas.. Prosigue con sus planes de expansión para el futuro, que otros realizarán. Su último viaje le permite permanecer algo más de un mes en Kisumu, en el lago Victoria, a dieciocho horas de tren. Cuando regresa el 11 de abril, más muerta que viva, retoma el trabajo en Nairobi. A pesar del empeoramiento de su estado, rechaza que llamen al médico: «¡No quiero complicar las cosas!». Su último informe a Dublín, enviado el 4 de mayo, llegará después de su muerte. «Con respecto a María, tener la actitud de un hijo hacia su madre. Confiar en que hará lo mejor» ―había escrito antaño. Con tales disposiciones recibe los últimos sacramentos, manteniendo bastante consciencia como para unirse interiormente a las plegarias. Tras ocho años de trabajo en África, Edel Quinn muere en Nairobi, en el convento de las Hermanas de la Preciosa Sangre, murmurando el Santo Nombre de Jesús, el 12 de mayo de 1944, a la edad de treinta y siete años.

¡ Dichosos, mil veces dichosos !

San Luis María Grignion de Monfort escribe lo siguiente sobre el alma del verdadero devoto de María: «Esta devoción hace que recurras a la Santísima Virgen en todas tus necesidades materiales y espirituales con gran sencillez, confianza y ternura, e implores la ayuda de tu bondadosa Madre en todo tiempo, lugar y circunstancia: en las dudas, para que te esclarezca; en las tentaciones, para que te sostenga; en las debilidades, para que te fortalezca; en las caídas, para que te levante; en los desalientos, para que te reanime; en los escrúpulos, para que te libre de ellos; en las cruces, afanes y contratiempos de la vida, para que te consuele… ¡Dichosos, pues, una y mil veces, los cristianos que ahora se aferran fiel y enteramente a María como a un áncora firme! Los embates tempestuosos de este mundo no los podrán sumergir ni les harán perder sus tesoros celestiales. ¡Dichosos quienes entran en María como en el arca de Noé! Las aguas del diluvio de los pecados que anegan a tantas personas no les harán daño, porque Los que obran por mí no pecarán (Si 24, 30, Vulgata: “Qui operantur in me non peccabunt”) ―dice la divina Sabiduría―; es decir, los que están en mí para trabajar en su salvación no pecarán» (Ibíd. núm. 107, 175).

Pidamos a la venerable Edel Quinn que nos conceda la gracia de obtener del Corazón de la Virgen María, Madre de la Iglesia, una gran preocupación por el destino eterno de los hombres de nuestro tiempo, rescatados por la Sangre de su Hijo.

Beata María Laura Mainetti

Beato Valentín Paquay

Beato Nicolás Sténon

Santa Philippine Duchesne