Beato Nicolás Sténon

21 de Mayo de 2025

Beato Nicolás Sténon

Muy estimados Amigos :

El 24 de junio de 1666, un científico danés protestante famoso por sus trabajos de anatomía, Niels Steensen, asiste a la procesión del Corpus en Livorno (Italia). Al ver aquella multitud en recogimiento que rinde homenaje al Santísimo Sacramento, no puede evitar pensar: «O esa hostia no es más que un pequeño trozo de pan y todos los que la adoran son unos insensatos, o es verdaderamente el Cuerpo de Cristo, y ¿por qué no lo honro yo también?». Sus reflexiones le llevarán a abrazar la fe católica. Fue beatificado por el Papa san Juan Pablo II el 23 de octubre de 1988.

Beato Nicolás SténonNiels Steensen nace el 11 de enero de 1638 en Copenhague, capital de Dinamarca. Es conocido en Francia, en especial en los círculos médicos, con el nombre primero latinizado de Nicolás Steno, hijo de un orfebre de la corte real descendiente de una familia de pastores luteranos. Las horas pasadas en el taller del padre permiten que el niño desarrolle una habilidad manual innata, además de una atracción por la ciencia y la tecnología; calcula el peso y el volumen del oro, construye un microscopio y estudia la refracción de la luz. A los diez años de edad va a la escuela de Nuestra Señora, donde estudia humanidades, con latín y griego, y se inicia en las matemáticas y en las lenguas extranjeras, en las cuales demuestra dotes excepcionales. El Papa Juan Pablo II afirmará: «Toda la vida de Nicolás Steno fue una peregrinación infatigable en busca de la verdad, tanto científica como religiosa, desde la convicción de que todo descubrimiento, aunque modesto, constituye un paso adelante hacia la verdad absoluta, hacia ese Dios del que depende todo el universo» (Homilía pronunciada con motivo de la beatificación).

En 1654-1655 Copenhague es devastada por la peste, que diezma una tercera parte de la población. «Haz, Señor ―pedirá más tarde Nicolás―, que tengamos siempre en el pensamiento estas palabras: “Memento mori ―¡Recuerda que has de morir!”». En la Universidad de Copenhague estudia bajo la dirección de un médico eminente, Thomas Bartholin, en el difícil contexto de una guerra que opone Dinamarca a Suecia, de 1657 a 1659. En el otoño de 1659 su profesor le aconseja que prosiga los estudios en Ámsterdam y luego en Leiden (Holanda), donde la prosperidad material va pareja con el desarrollo cultural. El gran pintor Rembrandt, ciudadano de Leiden, aún está en plena actividad cuando va Nicolás.

En marzo de 1660 Nicolás llega a Ámsterdam, ciudad que destaca por las investigaciones sobre anatomía. El 7 de abril diseca una cabeza de cordero y descubre el conducto que, en los mamíferos, suministra a la boca la mayor parte de la saliva y que se denominará “conducto de Steno”. Habla modestamente de un pequeño descubrimiento, pero que hará de él un famoso científico conocido por los médicos de todo el mundo. En julio de 1660 se inscribe en la Universidad de Leiden; allí descubre numerosas glándulas y publica una decena de trabajos de investigación. Junto con otros científicos de renombre, estudia la estructura de los músculos, de los vasos sanguíneos y del cerebro; es el primero en determinar que el corazón es un músculo. Se relaciona con Spinoza (1632-1677), filósofo panteísta y determinista al que intentará más tarde convencer, aunque en vano, de unirse con él a la religión católica. De regreso a Copenhague en marzo de 1664, presenta al rey Federico III los frutos de su trabajo en un informe titulado «De las glándulas y de los músculos» que será calificado de “pequeño libro de oro” por un naturalista del siglo xviii. Para honrar su ciencia excepcional, la Universidad de Leiden lo nombra doctor en medicina in absentia, sin obligarle a redactar una tesis especial.

Al perder a su madre, en el mes de enero de 1660, Steno decide proseguir sus estudios en Francia, llegando a París y hospedándose en casa de Melquisedec Thévenot (1620-1692), humanista y mecenas. Éste organiza reuniones de científicos que desembocarán, en 1666, en la fundación de la Academia de Ciencias. Nicolás realiza disecciones y pronuncia un discurso sobre la anatomía del cerebro que tendrá una gran repercusión. Redacta también disertaciones sobre embriología, demostrando ser uno de los pioneros de la anatomía comparada, es decir, la que compara un órgano determinado en varias especies diferentes. Steno se asombra ante la belleza de la creación (por ejemplo, una piedra preciosa o el cuerpo humano), pero no se detiene ahí, pues dice: «El verdadero objetivo de la anatomía es permitir a los observadores, a través de la obra maestra que es el cuerpo, que alcancen la dignidad del alma, y gracias a las maravillas de ambos, que accedan al conocimiento y al amor de su Autor» (Opera Philosophica, t. II, p. 254). Durante su estancia en París conoce a varias personas que contribuyen a su evolución religiosa, en especial a un jesuita: el padre de la Barre.

Su segunda patria

A finales del verano de 1665, Nicolás viaja por Francia y se instala en Montpellier, cuya facultad de Medicina goza de gran prestigio. Allí conoce a eminentes naturalistas ingleses, con quienes empieza a estudiar geología. Luego va a Italia y en la primavera de 1666, se establece en Florencia, donde trabaja con los médicos más famosos. Apreciará esa ciudad como su segunda patria. Sus estudios anatómicos han atraído la atención hacia él del gran duque de Toscana, Fernando II de Médicis. Es nombrado anatomista del hospital Santa María Novella, donde ejerce la medicina e imparte clases. En la cumbre de su carrera científica, a la edad de veintiocho años, es elegido para la “Academia del Cimento”, una sociedad de investigadores inspirados por los trabajos de Galileo. Primero en Florencia y después en Roma, conoce a varios científicos católicos de gran renombre, entre ellos al biólogo Marcello Malpighi. Sus entrevistas abordan tanto las cuestiones de fe como las relaciones entre la fe y la ciencia.

«La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo» (san Juan Pablo II, encíclica Fides et ratio, 14 de septiembre de 1998, Introducción). El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: «Por eso, la investigación metódica en todas las disciplinas, si se procede de un modo realmente científico y según las normas morales, nunca estará realmente en oposición con la fe, porque las realidades profanas y las realidades de fe tienen su origen en el mismo Dios. Más aún, quien con espíritu humilde y ánimo constante se esfuerza por escrutar lo escondido de las cosas, aun sin saberlo, está como guiado por la mano de Dios, que, sosteniendo todas las cosas, hace que sean lo que son» (CEC, núm. 159).

En la primavera de 1667, Steno publica un trabajo sobre los “Elementos de miología” (estudio de los músculos). Procede a la disección de la cabeza de un tiburón comparando sus dientes con los de los tiburones fosilizados, concluyendo que los fósiles son los restos de organismos vivos petrificados, idea original para la época. En 1669, al estudiar cristales de cuarzo de orígenes y de formas diferentes, constata que sus caras forman siempre los mismos ángulos entre ellas. Ese descubrimiento marca el principio de la cristalografía moderna. Describe el fenómeno de sedimentación y formula la noción de estrato, demostrando después que puede reconstituirse la historia geológica de una región.

«Daría mi vida»

Durante su estancia en Florencia, Nicolás Steno, ya afectado en París por la elocuencia de Bossuet, se pone a leer libros católicos y a comparar las diferentes confesiones cristianas. Su mentalidad y su rigor científico, en busca de certezas absolutas, le orientan hacia los estudios teológicos. Dos mujeres de fe ardiente ejercen una profunda influencia en él: una es su farmacéutica habitual en Florencia, sor María Flavia, religiosa que ha constatado su incredulidad y que le enseña a rezar para conseguir la verdadera fe. La otra es Lavinia Cerami Adolfi, esposa de un diplomático, de personalidad a la vez fuerte y dulce, quien, con la ayuda de su confesor, un científico jesuita, entabla con Nicolás conversaciones espirituales que le animan en su evolución. Un día en que Steno le ha declarado no tener motivos suficientemente persuasivos para abandonar la religión de sus antepasados, ella le responde con vivacidad: «Si mi sangre pudiera convenceros de que es necesario, ¡sabe Dios que daría mi vida en este mismo instante por vuestra salvación!». Finalmente, su estudio teológico comparativo entre el catolicismo y el luteranismo, apoyado en los escritos de los autores clásicos, le lleva a concluir que la Iglesia Católica es la verdadera Iglesia de Cristo. En noviembre de 1667, iluminado por una gracia repentina, se incorpora totalmente a la fe católica y abjura públicamente, en Florencia, de la religión luterana. El 8 de diciembre siguiente recibe la Confirmación de manos del nuncio apostólico. En una carta a un amigo, atribuye su conversión al modo de vida y de pensamiento de los católicos que encontró en el transcurso de sus primeros viajes por Holanda, Francia e Italia, a su dulzura, a su caridad, así como a las largas conversaciones sobre la religión que desarrollaron entre ellos y él lazos de amistad.

«Después de superar todas las dudas y tinieblas ―dirá el Papa Juan Pablo II―, lleno de gozo interior, Steno dijo “sí” al don concedido por Dios de comprender con claridad» (Homilía de beatificación). El Concilio Vaticano II afirma: «Dios manifestó al género humano el camino por el que, sirviéndole, pueden los hombres salvarse y ser felices en Cristo. Creemos que esta única y verdadera religión subsiste en la Iglesia Católica y Apostólica, a la cual el Señor Jesús confió la misión de difundirla a todos los hombres, diciendo a los Apóstoles: Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado (Mt 28, 19-20). Por su parte, todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla» (Declaración Dignitatis humanae, núm. 1).

Una situación incierta

Nicolás se dirige a Ámsterdam en la primavera de 1670, donde se reúne con científicos conocidos y con quienes conversa sobre temas científicos y religiosos. Esos encuentros lo deciden a consagrar su vida para traer a otros creyentes a la fe católica. En 1672, por invitación del rey, deseoso de que retornara al país, regresa a Dinamarca y se instala en casa de su hermana, cuyo marido ha retomado el taller de orfebrería de su padre.. Consigue un puesto de anatomista real, pero pronto se da cuenta de que las autoridades del país no están dispuestas a concederle buenas condiciones laborales. Desconfían de ese católico, por lo que su situación se torna incierta. Encontrándose sin futuro en esa Dinamarca tan protestante, deja Copenhague el 14 de julio de 1674 para retornar a Italia. Pasa por Hannover, donde el duque Juan Federico, convertido al catolicismo, le pide que realice un trabajo de anatomía.. Hace varias disecciones ante la corte para demostrar cómo circula la sangre y mostrar la estructura del corazón. En la mesa del duque mantiene conversaciones religiosas con los cortesanos y los predicadores de la ciudad. A finales de 1674 llega a Florencia, donde se encarga de la educación del joven príncipe de doce años, el futuro Fernando III, a quien enseña ciencias naturales, pero también los deberes religiosos y morales.

En 1675, ocho años después de su conversión, de un largo camino espiritual y de estudios teológicos profundos, es ordenado sacerdote en Florencia. «Fue ―decía el Papa Juan Pablo II― el gran científico que reconoció a Dios como Señor supremo, aceptando seguir su llamada interior para entregarse totalmente a Cristo y para poner sus energías al servicio exclusivo del Evangelio. De ese modo Steno, insatisfecho con el compromiso apostólico de un laico, quiso ser sacerdote, convencido de que ello no constituía una fractura en su vida e itinerario, sino más bien un paso adelante hacia una vida más completa, don de sí mismo por el bien de la humanidad» (Homilía de beatificación). Más tarde, cuando le pregunten por qué se hizo sacerdote, Nicolás responderá: «Cuando intento hacerme una idea de las bendiciones que Dios me ha concedido, que jamás podré alcanzar por completo, las encuentro tan grandes que ello me empuja a ofrecerle lo mejor de mí mismo, y lo mejor posible. Tras haber reconocido también la dignidad del sacerdote, que presenta cada día en el altar sus acciones de gracias por las bendiciones recibidas, sus expiaciones por los pecados cometidos y cualquier otra ofrenda que pueda agradar a Dios, pedí y obtuve la gracia de poder presentar al Padre eterno, para mí y para los demás, la ofrenda pura e inmaculada». El proceso espiritual de Nicolás, agradecimiento y ofrenda de sí mismo, es semejante al de san Ignacio en su famosa oración: «Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo distes; a Vos, Señor, lo torno» (Ejercicios espirituales, núm. 234).

Steno habla al duque Cosme III de Médicis de las relaciones entre su vida política y la salvación de su alma. Le insta especialmente a ciertas renuncias de la vida suntuosa de su familia y de la corte, en provecho de un alivio de las cargas fiscales que pesan sobre el pueblo. Predica de buen grado acerca de las relaciones entre la fe y la razón, y redacta numerosos escritos para refutar las múltiples críticas de las que es objeto en los ambientes científicos de su país, pero también de Alemania y de Holanda. La conversión de un científico tan ilustre no ha pasado desapercibida entre ellos, y consideran que «les ha hecho un flaco favor». Prosigue sus investigaciones en geología, facilitadas por la presencia, en los alrededores de Florencia, de canteras donde se hallan numerosos fósiles.

Explicación y origen del deseo

En 1677, la reina de Dinamarca transmite al Papa el deseo de su hermano, el duque de Hannover, de tener como obispo a Nicolás Steno. El Sumo Pontífice acepta la petición. El elegido se dirige a Roma a pie, como pobre peregrino y mendigando su pan de cada día, para prepararse con humildad a la consagración episcopal. El beato Papa Inocencio XI lo ordena obispo por medio del santo cardenal Gregorio Barbarigo, confiándole el cuidado de los católicos de todos los países del norte de Europa que han abrazado el protestantismo. «Lleno de amor, incluso de sufrimiento ―dirá el Papa Juan Pablo II―, monseñor Steno sentía pasión por Cristo crucificado, el Sumo Sacerdote… El emblema que eligió, un corazón sobre una cruz, simboliza y resume claramente la orientación profunda de su existencia.. Quiso poner toda su vida al servicio de la Cruz de Cristo, en la cual vio la palabra definitiva del amor de Dios por la humanidad… La profunda convicción de que Cristo es la luz del mundo y de que solamente encontrándola el hombre puede beneficiarse de la luz de la vida, fue la fuerza motriz que empujó a Nicolás Steno a no escatimar esfuerzos para anunciar el Evangelio. Ahí reside la explicación y el origen de su deseo misionero» (ibíd..).

En Hannover, monseñor Steno conoce a Leibniz (1646-1716), matemático y filósofo idealista que dirá de él: «Era un gran anatomista, y muy versado en el conocimiento de la naturaleza, pero abandonó desgraciadamente la investigación y pasó de ser un gran físico a convertirse en un teólogo mediocre». Leibniz era protestante, pero jamás admitió la Revelación divina como hecho histórico indiscutible.

La Reforma protestante había provocado en el siglo xvi la desaparición casi total de la Iglesia Católica en inmensos territorios, y la Santa Sede hubo de suprimir la casi totalidad de las diócesis del norte de Alemania y de Escandinavia. Solamente unos pequeños grupos eran fieles a la fe católica. En 1667 esa región se confió a un vicario apostólico (obispo dependiente de la Santa Sede). Monseñor Steno, el segundo en desempeñar ese cargo, actúa en Hannover y sus alrededores hasta 1680, predicando no solamente en alemán, sino también en francés e italiano, pues los católicos son sobre todo extranjeros. Reconforta al pequeño rebaño católico y dialoga con todos, con los luteranos y los científicos, aunque sean incrédulos.. Su vida es «un ejemplo luminoso de apertura y de diálogo» (san Juan Pablo II, ibíd.). Su testimonio muestra «de qué manera, mediante la rectitud asociada a la distinción y a la delicadeza, a las costumbres ejemplares y a la vida de santidad, se pueden y se deben establecer relaciones que faciliten la comprensión recíproca, el amor y la unidad» (ibíd.). El Papa san Juan XXIII dirá de Nicolás Steno: «Habiendo recorrido él mismo el laborioso itinerario que le condujo al corazón de la Iglesia de Jesucristo, sentía un verdadero tormento interior al pensar en las numerosas almas ―en especial las de sus compatriotas― que se veían privadas de la plena luz de la Revelación, y ardía en deseos de reconducirlas por la senda de la verdad… Ese tormento fue el origen de una actividad incansable, marcada por los dos rasgos que delatan a los verdaderos hijos de la Iglesia: una adhesión inquebrantable hacia todos los puntos de la doctrina revelada y un gran respeto y afectuosa caridad para con quienes no comparten nuestras convicciones» (14 de octubre de 1959).

Una modestia extrema

El gran duque de Hannover muere en 1679, sucediéndole un hermano suyo protestante. A pesar de cierta benevolencia por parte de este último, monseñor Steno ya no tiene la misma libertad. Acepta entonces una misión en Münster, Westfalia, que pronto se transforma en un cargo de obispo auxiliar del príncipe obispo de Paderborn. Al degradarse la salud de este último, monseñor Steno lo substituye a menudo y, por humildad, se desplaza a pie. Sus palabras son un verdadero consuelo para los católicos; él mismo se compara gustosamente con un médico que debe conocer a cada uno de sus enfermos. «Mostraba una gran dignidad y una extrema modestia» ―dirá su capellán. También ejerce como limosnero ante el príncipe obispo para los fieles, que a menudo se hallan en la miseria. A la muerte del príncipe obispo, en 1683, el capítulo de los canónigos se opone a monseñor Steno, que habría tenido que sucederle. Al darse cuenta de que intereses económicos importantes están en la raíz del conflicto, el prelado decide retirarse.

En 1684 renuncia al ministerio activo y se dirige a Schwerin (Mecklemburgo, al norte de Alemania), donde vive ascéticamente, a la vez que retoma sus trabajos científicos sobre el cerebro y el sistema nervioso. Viste pobremente y se alimenta cuatro días a la semana de pan y de cerveza. Llega incluso a vender su báculo y su anillo pastoral para atender las necesidades de los pobres, gestos que edifican mucho más que una hermosa homilía. Se considera un gran pecador que debe reparar sus faltas, pero exteriormente se muestra muy alegre. Comprendiendo que, en adelante, ya no puede cumplir ninguna misión en los países nórdicos, decide regresar a Italia. Sin embargo, es aquejado de una enfermedad intestinal que le causa grandes sufrimientos. Antes de morir se dirige al Señor: «¡Jesús, sed mi Salvador! ¡Cantaré vuestra misericordia durante toda la eternidad!». Muere el 26 de noviembre (o el 5 de diciembre) de 1686, en Schwerin. Su cuerpo es llevado a Florencia e inhumado en la basílica de San Lorenzo, cerca de sus protectores los Médicis.

Al considerar su virtud y piedad destacables, san Juan Pablo II lo declaró beato: «El secreto de su existencia ―decía el Papa― reside por completo en esto: si bien es famoso por los descubrimientos realizados en el campo de la anatomía, lo que nos indica mediante su elección de vida es mucho más importante. Gracias a la “ciencia del corazón”, Nicolás Steno descubrió a Dios, Creador de todo lo que existe y Salvador del mundo, y se constituyó en heraldo apasionado en medio de sus hermanos» (ibíd.). Pidamos a este beato, celebrado por la Iglesia Católica el 5 de diciembre, que nos ayude a dar testimonio de la verdad de Dios, Bondad infinita, y de su Amor.

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