Carta

Blason   Abadía San José de Clairval

F-21150 Flavigny-sur-Ozerain

Francia


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29 de septiembre de 2021
fiesta de los Santos Arcángeles


Estimadísimo Amigo de la Abadía San José:

Muchos cristianos desencantados consideran que en el inicio del tercer milenio ya no es posible para un joven seguir el camino de la santidad en el mundo de la adolescencia, a menos que se encierre en una “burbuja” impermeable al tiempo y al entorno. Carlo Acutis, un joven italiano que murió en 2006 a la edad de quince años, al que el Papa Francisco elogia en su Exhortación apostólica Christus vivit (25 de marzo de 2019), demuestra precisamente lo contrario. Este joven lleno de entusiasmo y de excepcional talento, sobre todo en informática, veía la Eucaristía como su « autopista hacia el Cielo ».

Carlo nace en Londres el 3 de mayo de 1991, de Andrea y Antonia Acutis, joven matrimonio italiano que entonces trabaja en Inglaterra. Sus padres no son practicantes, pero el niño es bautizado el 15 de mayo y será instruido en la religión católica. Carlo observa con gran interés todo lo que le rodea ; esa capacidad de observación, además de llegar hasta el final en sus reflexiones, será una de sus principales cualidades. Sobre el Bautismo dirá : « Es algo muy importante, porque permite que las almas se salven gracias a su inserción en la Vida divina. Las personas que participan en un Bautismo se polarizan demasiado a menudo en los confetis, los caramelos o el faldón blanco, que forman parte de la fiesta, pero no se preocupan en absoluto de comprender el sentido de ese gran don que Dios hace a la humanidad ». Ese don es la posibilidad de ser hijos de Dios (Jn 1, 12) y herederos de su Reino eterno (cf. Rm 8, 17).

« El Señor no estaría contento »

La familia Acutis regresa a Milán en septiembre de 1991. Carlo es de carácter muy social y pacífico ; a su niñera polaca, que le aconseja mostrarse más belicoso con los niños agresivos, él le responde : « El Señor no estaría contento si yo reaccionara con violencia ». El período estival transcurre a la orilla del mar, en Centola, cerca de Salerno. El pequeño es adoptado enseguida por toda la población de ese pueblo tranquilo, haciéndose amigo de todos. Reza con fervor el Rosario y va a Misa todos los días desde su primera Comunión, a la edad de siete años. Su recogimiento cuando comulga impresiona a los que son testigos de ello.

En Milán, Carlo es escolarizado en el Instituto Tomasseo de las Hermanas Marcelinas. Él permanece fiel a la Misa diaria y siempre encuentra a una « persona mayor » que le acompañe. De camino el niño se detiene para charlar un poco con los porteros, por lo general extranjeros, que no tienen costumbre de semejante detalle por parte de los habitantes de la metrópoli lombarda. Su tacto le permite ponerse al nivel de sus interlocutores, sea cual sea su condición social. Demuestra un gran respeto hacia las personas pobres, débiles y abandonadas, y considera que un estatus social elevado o la riqueza material obligan a quienes los poseen a ayudar a los menos favorecidos. Un parado que pedía limosna a la entrada de una iglesia recuerda la caridad de Carlo, que le daba cada día una moneda y que le hablaba con amabilidad. Ese hombre le había hablado al niño de una de sus amigas, indigente, que languidecía de depresión y de miseria, y Carlo con su madre consiguieron que ingresara en un hospital. « Carlo era demasiado bueno y demasiado puro para este mundo » —concluyó aquel buen hombre.

Carlo no es un santo de vidriera. Le gustan mucho los animales, en especial los gatos y los perros (sus padres tienen varios), a los que filma en videos cómicos. Juega de buena gana al fútbol, aprende a tocar el saxofón como autodidacta y, sobre todo, se apasiona por la informática. Sin embargo, esos centros de interés nunca son un fin en sí mismos. Para él, hacer fructificar los talentos recibidos de Dios es una manera de glorificarlo y de procurar el bien del prójimo ; además, su modestia va a la par con su inteligencia. Carlo nunca guarda para él lo que ha aprendido, sino que se apresura en compartirlo con los demás. Jamás se le oye alardear de lo que tiene o de lo que sabe. La tiranía de la moda (hay que llevar ropa de marca, en consonancia con la tendencia del momento) lo deja indiferente ; considera esas modas como el producto de especulaciones comerciales y, por su parte, se viste con sencillez y sin vanagloria. En la escuela entabla fuertes lazos de amistad, pero no siempre es comprendido. Algunos se preguntan, por ejemplo, por qué pasa siempre las vacaciones en Asís, cuando los medios económicos de sus padres le permitirían disfrutar de viajes a países lejanos y lugares más de moda. Poco antes de morir, Carlo confesará a su director espiritual : « ¡ Asís es el lugar donde más feliz me siento ! ».

Las numerosas amistades del adolescente, tanto masculinas como femeninas, se mantienen en los límites de una castidad sin compromiso. No acepta familiaridades entre jóvenes de diferente sexo, ni las convivencias prematrimoniales. Una joven dará testimonio de su fidelidad a la Iglesia y a sus enseñanzas, especialmente en materia de sexualidad y de moral familiar. Con motivo de un debate sobre el aborto, durante una clase de religión, Carlo defiende la vida humana demostrando que el embrión es un ser humano desde la concepción y que su supresión es un homicidio.

Feliz y auténtico

A los catorce años Carlo se matricula en el liceo del Instituto León XIII de Milán, regido por los jesuitas. Se presenta voluntario para desarrollar la página de internet del centro, labor a la que dedica todo el verano de 2006. Se encarga igualmente de preparar a un grupo de niños para el sacramento de la Comunión. En clase presta atención especialmente a los compañeros que tienen dificultades para seguir el ritmo de los estudios, impartiendo clases particulares de matemáticas a algunos de ellos. Un padre jesuita, cercano a Carlo durante esos años, resume la impresión que tenía de él : « Estoy convencido de que era como la levadura en la masa, o mejor aún como el grano de trigo enterrado en la tierra ; en silencio, pero hacía crecer… De él podía decirse : he aquí un joven cristiano feliz y auténtico ».

Carlo pasa largas horas en desarrollar programas informáticos para satisfacer las necesidades de sus amigos. Siempre está disponible para iniciarlos en los misterios de la informática, pues considera que en la actualidad es indispensable que un joven sepa utilizar correctamente un ordenador. Un profesional de la programación aporta este testimonio : « Quedé asombrado de su competencia en el campo de la programación ; a los quince años tenía el mismo nivel que yo, que he publicado varios libros sobre el tema y que se utilizan en universidades y en empresas…, era extraordinariamente intuitivo ». Antes de los exámenes, Carlo ofrece ayuda a todos sus amigos para que utilicen sus ordenadores, pero da muestras de ser un ejemplo vivo, una especie de brújula que enseña a todos la manera de evitar los excesos, es decir, las derivas perniciosas que pueden resultar de la multiplicidad de las posibles conexiones que hay en la “red”. La primera deriva es dejarse arrastrar en un mundo virtual, a costa del mundo real donde Dios está presente y nos encomienda una tarea por cumplir ante su mirada. Entonces, la voz de la conciencia se debilita y las incitaciones a transgredirla se vuelven tan seductoras que ellas también aparecen como virtuales.

Unas fotocopias

En la Exhortación apostólica Christus vivit, el Papa Francisco se dirige de este modo a los jóvenes : « Por ejemplo, es verdad que el mundo digital puede ponerte ante el riesgo del ensimismamiento, del aislamiento o del placer vacío. Pero no olvides que hay jóvenes que también en estos ámbitos son creativos y a veces geniales. Es lo que hacía el joven venerable Carlos Acutis. Él sabía muy bien que esos mecanismos de la comunicación, de la publicidad y de las redes sociales pueden ser utilizados para volvernos seres adormecidos, dependientes del consumo y de las novedades que podemos comprar, obsesionados por el tiempo libre, encerrados en la negatividad. Pero él fue capaz de usar las nuevas técnicas de comunicación para transmitir el Evangelio, para comunicar valores y belleza. No cayó en la trampa. Veía que muchos jóvenes, aunque parecen distintos, en realidad terminan siendo más de lo mismo, corriendo detrás de lo que les imponen los poderosos a través de los mecanismos de consumo y atontamiento. De ese modo, no dejan brotar los dones que el Señor les ha dado, no le ofrecen a este mundo esas capacidades tan personales y únicas que Dios ha sembrado en cada uno. Así, decía Carlos, ocurre que “todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias”. No permitas que eso te ocurra » (núm. 104-106).

Carlo Acutis tiene siempre presentes los « novísimos » : la muerte, el juicio final, el infierno y el paraíso, realidades últimas de la vida de todo hombre. Su interés por estos temas hace que, a veces, lo traten de exagerado o de beato, incluso sus amigos. Ha conocido a sacerdotes que no creen en la existencia del infierno, ni siquiera del purgatorio, lo que le ha escandalizado. Para él, este punto de la doctrina católica, enseñado muchas veces por Jesucristo y por el Magisterio de la Iglesia, está fuera de toda duda : « Si realmente las almas corren el riesgo de condenarse, como en efecto lo han testimoniado tantos santos y como lo han confirmado las apariciones de Fátima, me pregunto por qué en la actualidad casi no se habla del infierno, porque es algo tan terrible y espantoso que me horrorizo sólo con pensar en ello… la única cosa que deberíamos realmente temer es el pecado ». En efecto, pues « a los ojos de la fe, ningún mal es más grave que el pecado y nada tiene peores consecuencias para los pecadores mismos, para la Iglesia y para el mundo entero » (Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 1488).

Carlo no se olvida de las almas del purgatorio ; está convencido de que la ayuda más eficaz que podemos aportar a los difuntos es asistir a Misa por su intención y para librarlas del purgatorio. Su corazón ama al Papa y a la Iglesia. En el transcurso de una visita al Vaticano en 2000 quedó impresionado por la consagración a la Virgen realizada por el Papa san Juan Pablo II en unión con los obispos del mundo entero. Carlo reza para que todos los pueblos de la tierra conozcan y amen a Jesucristo. Al ver en la televisión el encuentro interreligioso de Asís en 2002 comenta : « Seguramente el Papa ha sido inspirado por Dios, pues mediante este encuentro todos tienen la posibilidad de conocer y de amar a Cristo, único Salvador del mundo y de quien depende la salvación de todos ».

Personas completas

El joven entabla amistad con Rajesh, un empleado doméstico de su familia de religión hinduista y de casta brahmán. Se esfuerza por evangelizarlo y lo deslumbra por su conocimiento del Catecismo de la Iglesia Católica, que conoce casi de memoria y explica de manera brillante. Rajesh acabará pidiendo el Bautismo y esperará con gran ansia el día en que podrá recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, ese sacramento del que Carlo le ha hablado con ardor : « Las virtudes —le decía el adolescente— se adquieren principalmente mediante una intensa vida sacramental, y la Eucaristía es ciertamente la cima ; a través de este sacramento, el Señor nos transforma en personas completas, hechas a imagen y semejanza suya ». Carlo prepara también a Rajesh para la Confirmación, revelándole que con ese sacramento recibió una fuerza misteriosa que se tradujo principalmente en un aumento de su devoción eucarística ; el día de su Confirmación, su amigo siente la misma fuerza al recibir el Espíritu Santo.

Carlo pasa la mayor parte de las vacaciones en Asís, en una casa propiedad de la familia. Los ejemplos de san Francisco le resultan familiares, especialmente su humildad. Comprende que la humildad, virtud directamente opuesta al orgullo innato que hemos heredado como hijos de Adán, es el camino regio de la verdadera santidad. Aprecia especialmente el santuario de Alverna, donde san Francisco recibió los estigmas y donde murió después en 1224, configurado de forma extraordinaria según la Pasión de Cristo ; allí es donde Carlo profundiza, en el transcurso de diversos retiros espirituales, sobre el misterio de la Misa, sacrificio perfecto que hace presente, de manera incruenta, el sacrificio sangriento del Calvario.

La vida espiritual de Carlo Acutis se centra en la Misa diaria. Las escasas ocasiones en que no puede participar, por causa de un impedimento escolar, se recoge y hace una “comunión espiritual”. « ¡ La Eucaristía es mi autopista hacia el Cielo ! —repite con frecuencia. Su vida se le presenta como una Misa unida al sacrificio redentor de Cristo. « Las almas se santifican muy eficazmente gracias a los frutos de la Eucaristía diaria —afirma— y, de ese modo, no corren riesgo de toparse con los peligros que pondrían en juego su salvación eterna ». Carlo es muy sensible ante la manera más o menos recogida y fervorosa con la que los sacerdotes celebran la Santa Misa. Antes o después de la Misa realiza un acto de adoración durante un tiempo. Sabe que la Iglesia concede indulgencia plenaria por la adoración del Santísimo durante media hora, y dedica a menudo ese beneficio espiritual a las almas del purgatorio « más abandonadas ». Se constituye en apóstol de la participación en la Misa dominical ante personas que ya no asisten, y varios de sus amigos retomarán la práctica religiosa, algunos después de su muerte.

Una página de internet

Carlo se apasiona por los milagros eucarísticos que se han multiplicado en el transcurso de los siglos, y utiliza su competencia para crear una página de internet dedicada a esos milagros (www.miracolieucaristici.org ; esta página web, que todavía existe, está traducida a numerosas lenguas). Le emociona especialmente el milagro de Lanciano, un pueblo de la región de Abruzos donde se venera desde el año 750 una hostia milagrosa que se transformó en carne y sangre en el momento en que el sacerdote pronunciaba las palabras de la consagración ; analizada en 1970 por especialistas, se demostró que la carne era de tejido de miocardio (corazón) ; la sangre, que parecía fresca, pertenece al grupo AB. Ese sorprendente hecho científico confirma a Carlo en su devoción especial hacia el Sagrado Corazón de Jesús, que merece ser adorado « como participación y símbolo natural, el más expresivo, de aquel amor inexhausto que nuestro Divino Redentor siente aún hoy hacia el género humano » (Pío XII, Haurietis aquas, núm. 24). Conseguirá de sus padres, retornados bajo su influencia a la práctica religiosa, que la familia Acutis se consagre al Sagrado Corazón. Ofrece comuniones y sacrificios « para reparar las indignidades que Jesús recibe en el sacramento de su Amor », según la petición que Él mismo hizo a santa Margarita María (Paray-le-Monial, 1675).

En el transcurso de esos momentos de adoración al Santísimo, Carlo medita sobre los misterios de la vida de Cristo, en especial de su infancia. Le impresionan especialmente la pobreza elegida por el Hijo único de Dios en su Encarnación y su nacimiento en el establo de Belén. Poco antes de morir confesará a su director espiritual que la práctica asidua de la adoración eucarística le ha ayudado a progresar sobremanera en la oración ; a partir de entonces se distrae menos y su amor por Jesús ha crecido mucho. Para corregir sus defectos (glotonería, pereza, propensión a la palabrería, distracciones durante el rezo del Rosario…), el joven recurre cada semana al sacramento de la Penitencia y de la reconciliación. « Para despegar hacia las alturas —dice— el globo necesita soltar lastre, igual que el alma, la cual, para elevarse hacia el Cielo necesita quitar incluso los pesos más pequeños que son sus pecados veniales… ¡ Haced como yo y veréis los resultados ! ».

Desde su tierna infancia, Carlo siente respeto y afecto por las monjas de clausura. Tomó su primera Comunión en la iglesia de las Hermanas Eremitas de San Ambrosio, en Perego, y también conoció a monjas de otros varios conventos. En su adolescencia, atribuirá a la intercesión de las religiosas la gracia de vencer las tentaciones contra la castidad y la templanza (alcohol, drogas), que son la causa de tantos pecados y estragos entre los jóvenes de su edad. Al recordar que la familia debe ser « como un santuario doméstico de la Iglesia » (Vaticano II, Apostolicam actuositatem, núm. 11), aconseja a los padres que recen con sus hijos para obtener para ellos la perseverancia en el estado de gracia en el momento de la adolescencia. Su devoción mariana se concreta en un afecto especial por el santuario de la Virgen de Pompeya, cerca de Nápoles, donde se consagra varias veces a la Virgen del Rosario. En ese lugar obtiene de María Santísima la gracia de la conversión de una mujer que había dejado de frecuentar los sacramentos desde hacía treinta años. Carlo se dirige también a Lourdes y a Fátima, lugares de apariciones marianas que influyen mucho en su espiritualidad.

Directo al Cielo

«Mi hijo llevaba una vida completamente normal —atestigua el padre de Carlo—, pero siempre tenía presente en el pensamiento el hecho de que todos deberemos morir algún día. Cuando se evocaba en su presencia un proyecto de futuro, él respondía : “Sí, si aún seguimos con vida mañana o pasado mañana, pues solamente Dios conoce el futuro” ». A principios de octubre de 2006, Carlo, que tiene quince años y medio, cae enfermo. Los síntomas hacen pensar que se trata de unas simples anginas, por lo que ni los padres ni el médico se preocupan. El joven, sin embargo, como llevado por una intuición, dice a sus padres : « Ofrezco al Señor, por el Papa y la Iglesia, todos los sufrimientos que tendré que soportar, y también para ir directo al Cielo sin pasar por el purgatorio ». Al domingo siguiente está extremadamente débil y lo llevan inmediatamente a una clínica. Los análisis revelan la terrible realidad : leucemia aguda M3, una de las formas más agresivas de cáncer de sangre. Cuando se entera por sus padres de la gravedad de la enfermedad, el muchacho exclama con serenidad : « ¡ El Señor me despierta ! ». Al comprobarse que la asistencia respiratoria resulta poco eficaz, Carlo es trasladado al hospital especializado de Monza. Se siente feliz de que su madre y su abuela puedan dormir en su habitación. Un sacerdote le administra los sacramentos. Su estado se agrava rápidamente, ocasionándole grandes sufrimientos, pero la paciencia del joven causa admiración entre el personal sanitario ; cuando le preguntan cómo se siente, él responde sonriendo : « Bien, como siempre », o « Podría ser peor ».

Tras entrar en coma, Carlo es víctima, el 11 de octubre, de una hemorragia que deriva en muerte cerebral. No obstante, se mantiene al moribundo con respirador hasta que su corazón se detiene por sí mismo, el 12 por la mañana. Los padres de Carlo encargan el traslado del cuerpo a casa, a su habitación. Los cuatro días que siguen son un desfile continuo ante su cuerpo. Una inmensa multitud asiste a sus exequias, y son muchos los que deben quedarse en el exterior por falta de sitio. En el momento del Ite Missa est las campanas empiezan a voltear, pues es exactamente mediodía, hora del Ángelus… Muchos de los asistentes perciben esa coincidencia como una señal de la entrada de Carlo en la gloria celestial.

En junio de 2018, con vistas al proceso de beatificación, el cuerpo de Carlo, enterrado en Asís según su deseo, se exhumó y se halló incorrupto. En abril de 2019 fue trasladado al santuario franciscano de la Spogliazione. El 21 de febrero de 2020 se reconoció oficialmente un milagro atribuido a su intercesión : la curación humanamente inexplicable, en 2010, de un niño brasileño que presentaba una malformación grave y fatal del páncreas. La familia del niño había invocado a Carlo. La beatificación de este siervo de Dios se celebró en Asís el 10 de octubre de 2020.

« El objetivo de mi vida —afirmaba Carlo Acutis— es estar unido a Jesús… Lo que nos hará realmente bellos a los ojos de Dios será la manera en que lo hayamos amado, a Él y a nuestros hermanos ». Pidamos a este joven beato que mantenga en nuestros corazones, mediante su intercesión, ese fuego sagrado que Jesús vino a encender sobre la tierra.


Dom Antoine Marie osb

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